La irrupción de los medios tecnológicos en la vida cotidiana ha modificado la percepción y sensibilidad de la realidad como construcción racional, al aparecer extrapolada de un espacio físico connatural a un espacio virtual, eventual y simultáneo. La invención primaria de aparatos de tecnología análoga, concebida a partir de la ejecución de funciones específicas colaboró en ampliar el espectro de las posibilidades creativas, que gracias a su evolución digital en paralelo al desarrollo humano, se tornó en elemento adyacente y de convergencia en prácticas sociales, culturales y políticas.
En este contexto, las producciones
artísticas contemporáneas han participado de estas transformaciones en cuanto
incluyen elementos generadores de sensibilidad provenientes de nuevas
tecnologías. Tan abarcadora como su funcionalidad las máquinas inauguran la
escena de creación electroacústica, coordinada en una apertura nacida del
silencio, que constituye como fundamento la naturaleza íntima de quien escucha.
De esta manera la percepción individual se integra a una sensibilidad colectiva
desde la apropiación originaria del sonido, en una asimilación del otro, tanto
como individuo o realidad desconocida en conexión a un emplazamiento, espacio
de enlace a otros. De ahí la importancia de la interacción, de la mirada en conjunto
de las producciones artísticas contemporáneas que traducen esta integración en
el arte multimedia, en programas que responden al movimiento del cuerpo físico en
una acción simulada y azarosa, en una apropiación del entorno descentrado,
inmaterial; en este sentido el cuerpo como nuevo escenario y dispositivo intervenido
por una segunda naturaleza, por una realidad virtual cambiante y abarcadora.
El cuerpo biológico ha sido
objeto control e intervención por parte de instituciones que comprueban en la innovación
tecnológica, en el cuerpo virtual esta instancia de invención en
otros agentes de control. Si antes fueron las instituciones derivadas del
registro de identificación, salud o educación quienes proveían y provee los
datos asimilables a códigos, ahora esa brecha se amplía a la obtención de
flujos, de recursos materiales decantados en el poder de decisión (adquisición),
pero también inmateriales, al extender la instancia instrumental hacia
territorios inasibles, indecibles, imaginarios. Conforme a esta lógica que
incorpora objetos culturales e imaginarios futuristas a los mal ponderados
dispositivos de control, es que las producciones culturales toman parte en la música
experimental electroacústica nacida de la asimilación, por ejemplo de crear sonidos a partir de objetos
tecnológicos que registran ondas cerebrales o al convocar conciertos en tiempo
real gracias a un pertinente uso del localizador geopolítico. Efectuar la acción
simultánea, cruzar el espectro de lo sonoro hasta llegar a la percepción de que
asistimos a una sola ley, un destino en común, de lo cual los únicos códigos de
valor se juegan en realidad e ilusión. El valor atribuible a la interacción se
sostiene en una red invisible de posibilidades, que se proyectan en la
construcción del futuro, esté o no en nuestras manos.
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